Si tú lo escribes, yo lo dicto

Reflexiones a partir del proceso de emergencia del Masnaví

Margarita Martínez Duarte

 

El Masnaví[i] está conformado por cerca de cincuenta y dos mil versos. A muchas personas se nos dificulta imaginar una obra poética de esa longitud. Semejante aliento no es extraordinario sólo en nuestra época. La Ilíada, por ejemplo, poema fundamental de la cultura occidental, consta de quince mil seiscientos noventa y tres versos; la Odisea, doce mil ciento doce versos.

Sabemos que, de los cincuenta y dos mil versos del Masnaví, Mawlana[ii] Yalal od-Din Rumi escribió, de su puño y letra, dieciocho; el resto, los dictó. ¿De quién son, entonces, el puño y la letra con que se escribieron los otros cincuenta y un mil novecientos ochenta y dos versos? Del hombre a quien Rumi llamó, entre otras cosas: “Mí espíritu, mi fe, mi luz y mi maestro”.[iii] Su nombre es Husameddín.

Sin Husameddín, no habría Masnaví. El propio Rumi dio claras explicaciones sobre la génesis y el desarrollo del Masnaví que así lo aseveran. En el Prefacio del primer volumen, leemos, por ejemplo, estas exaltadas palabras:

Me he esforzado [dice Rumi, hablando de sí mismo] en componer esta larga obra en versos pareados, que reúne maravillas, rarezas, dichos iluminados, perlas de guía, el camino de los ascéticos y el jardín de los piadosos, en forma concisa pero rica en significado, para responder a la petición de mi jefe y apoyo, el sitio del espíritu en mi cuerpo y mi provisión para el día de hoy y para el mañana, jefe y ejemplo para los místicos, líder hacia la certeza y la guía, ayudador de la humanidad, depositario de corazones e intelectos, quien
ha sido establecido por el Señorío entre Sus criaturas, Su elección entre los seres creados, la meta de los mandatos otorgados al Profeta y de los secretos compartidos sólo con Su elegido, llave de todos los tesoros del Empíreo, depositario de los tesoros en este mundo también: él es Hosamo’l-Haqq-wa’ddin (…) [iv]

Y continúa: “el Abu Yazid de su tiempo, el Yuneyd de su era, veraz como su padre y como su abuelo, que Al-láh esté complacido con él y con ellos”.[v]

En el tiempo que tenemos para compartir ahora, me gustaría invitarlos a imaginar cómo se escribió el Masnaví, uno de los poemas místicos más importantes de la humanidad.

 

De cariño, Çelebi[vi]

La mayoría de los especialistas coinciden en señalar que el Masnaví comenzó a escribirse en la ciudad de Konya, Turquía, alrededor de 1262. Para entonces, Rumi tendría aproximadamente cincuenta y cinco años de edad. Los acontecimientos que revolucionaron su vida habían quedado atrás: el exilio de su familia a causa de la guerra –de Balkh, hoy Afganistán, a Konya–; el matrimonio, la paternidad; el encuentro con Shams de Tabriz y la  profunda transformación que dicho encuentro implicó; la pérdida de Shams; el encuentro con un segundo compañero íntimo, Salah al-Din, y una segunda separación. Finalmente, la estabilidad relativa del maestro, arropado por su familia y sus discípulos, durante los últimos años de vida en este mundo. Esos últimos años fueron los años del Masnaví.[vii]

Husameddín, puño y letra del Masnaví, fue el tercer compañero íntimo en el camino del sufismo, que llegó a la vida de Rumi para compartirla. Nació en la ciudad de Konya, en 1225. Tenía aproximadamente dieciocho años menos que Mevlana. Su familia era de ascendencia kurda.[viii] Su abuelo es el gran santo Taj al-Din Abu al-Wafa, quien dejó este mundo en 1107.[ix] De la vida terrenal de su abuelo conocemos una anécdota que, me parece, vale la pena contar aquí.[x]

Taj al-Din no sabía leer ni escribir. Un día, un grupo de hombres ricos quisieron poner a prueba su conocimiento. Se acercaron a Taj al-Din para pedirle que les dirigiera unas palabras acerca de la fe, con la intención de avergonzarlo. Taj al-Din les respondió:

–Si Al-láh lo permite, hablaré de la fe mañana. Estén presentes.

Esa noche, Taj al-Din hizo una súplica a Al-láh y se fue a dormir. Soñó con el Profeta Mojámmed, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él. El Profeta, s.a.w.s., le hizo saber que Al-láh se había manifestado a través de dos de sus Nombres Divinos: Al-Alim (Quien todo lo conoce) y Al-Hakim (Quien todo lo sabe). Al día siguiente, en la mezquita, Taj al-Din abrió su sermón diciendo: “Anoche me fui a dormir como kurdo y esta mañana me desperté como árabe”.[xi] El sermón que Taj al-Din dio a continuación asombró a la concurrencia por su belleza y elocuencia.

Esta anécdota apunta hacia un tema de gran importancia para la humanidad: el tema de cómo adquirimos el conocimiento.[xii] Mi intención es volver a este tema más adelante.

Sigamos, mientras tanto, con la historia de Husameddín. El nombre de su padre en este mundo fue Mojámmed, y su sobrenombre Ahi Turk, por ser el líder de los Ahi una agrupación que reunía a todos los artesanos y pequeños comerciantes de Konya y sus alrededores. Los Ahi seguían un camino espiritual específico dentro del universo del Islam, conocido como Futuwah.

La palabra árabe Futuwah se traduce por lo común como “caballería espiritual “ o  “caballería sufí”. La raíz original de Futuwah se encuentra emparentada con Fata, término que en tiempos pre-islámicos se utilizaba para nombrar a un joven que exhibía una conducta coherente con los valores más exaltados del Islam, en especial la generosidad. Al decir “un joven”, no me refiero necesariamente a la edad; me refiero, como lo hace Faouzi Skali en su Introducción al Futuwah de Al-Sulami, a una condición anímica, un vigor, una juventud del alma.[xiii] Dicha cualidad de juventud anímica se señala en el sagrado Corán, por ejemplo, en el caso del Profeta Abraham.[xiv] [xv]

¿Cuál es el camino de la Futuwah? Abu Hafs, uno de los más grandes maestros de este sendero del Islam lo explicó así: “La Futuwah consiste sobre todo en obrar con rectitud y en no exigir del prójimo que haga otro tanto”.[xvi] Los maestros clásicos de la Futuwah coinciden en que se trata de un camino de profunda transformación espiritual fundado en la acción.

Con la llegada del Islam se crearon organizaciones sociales concretas animadas por códigos de conducta que pretendían encarnar los valores de la religión. Estas organizaciones se desarrollaron y alcanzaron su auge tiempo después, precisamente en la época de Rumi y justo en Anatolia. Los Ahi destacaban en esos momentos por su gran número y poder. Como señala uno de los historiadores contemporáneos del sufismo, Şefik Can, el padre y la madre de Husameddín educaban a toda la descendencia de los Ahi de Konya; por lo tanto, su influencia era enorme.[xvii]

Husameddín fue criado para suceder a su padre al frente de los Ahi Turk y, para ello, recibió una educación refinada en todos los sentidos. Tenemos la noticia de dos breves tratados escritos por él, que nos dan idea del nivel de su formación académica y espiritual.[xviii] Estas líneas pertenecen a uno de esos textos:

Le dijeron al almizcle:
–Hay un solo defecto dentro de ti: perfumas a todos aquellos cuya compañía toleras.
El almizcle dijo:
–No me importan aquellos cuya compañía tolero, pero sí me importa aquello que soy; por eso cumplo con mi deber de perfumar.[xix]

Cuando su padre dejó este mundo, Husameddín hizo algo extraordinario dentro de la historia de su familia y de la cultura de Anatolia: en lugar de ocupar su puesto al frente de los Ahi Turk, buscó a Rumi y se hizo su discípulo. Además, pidió a todos sus seguidores que continuaran realizando sus oficios y entregándole las contribuciones económicas acostumbradas, para que él, a su vez, las entregara a Mawlana.

Husameddín terminó por deshacerse de todas sus posesiones, poniéndolas al servicio de Rumi. Cuenta la tradición que un día sus sirvientes se acercaron a él para decirle que ya no quedaba nada en la casa, salvo ellos. Entonces Husameddín les respondió:

– ¡Alabado sea Al-láh! Se ha hecho posible para nosotros seguir la

tradición de nuestro Profeta, al menos en apariencia. En nombre de

Al-láh y por amor a Rumi, los libero. Vayan y encuentren nuevos trabajos.[xx]

Rumi se refería a su querido discípulo con una palabra turca muy antigua: Çelebi. Çelebi significa “hombre de Dios”, y se utilizaba para referirse a las personas que exhibían modales extremadamente delicados y que eran respetadas y amadas. A partir de Husameddín, todos los descendientes sanguíneos de Rumi y los líderes espirituales de la Orden fundada a partir de sus enseñanzas, la Orden Mevleví, utilizan la palabra Çelebi como parte de su nombre.

El primer líder espiritual (Sheij) de la Orden Mevleví, fue Çelebi. Era a Çelebi, a quien Rumi entregaba todos los bienes materiales que llegaban a sus manos y Çelebi, a su vez, los distribuía según su criterio. Se cuenta que, una vez, el hijo de Mawlana, Sultán Walad, le reclamó:

–No hay nada en casa. Todo lo que entra se lo mandas a Çelebi.

¿Qué vamos a hacer?

A esto, Rumi respondió:

–Baja al-Din, por Al-láh, por Al-láh, por Al-láh, si cientos de ascetas

maduros estuvieran muriendo de hambre y nosotros tuviéramos

un trozo de pan, se lo enviaría también a Çelebi.[xxi]

 

Se cuenta también que en una ocasión Rumi vio a un hombre llevando una canasta con comida a casa de Husameddín. Rumi le dijo al hombre: –Quisiera estar en tu lugar y que tú estuvieras en el mío–. Acto seguido, se quitó el abrigo que llevaba y se lo dio al hombre.

Çelebi se encargaba de manejar todos los asuntos prácticos de la comunidad que rodeaba a Nuestro Maestro, inlcuyendo las finanzas, las relaciones públicas y políticas hacia el exterior y los conflictos internos entre los discípulos. En resumen, la organización material de todo lo necesario para que la enseñanza de Rumi pulsara y se difundiera a través de una comunidad siempre creciente recaía, en buena medida, en Husameddín.

 

La emergencia del Masnaví

Hasta aquí he tratado de ofrecer velozmente un panorama del vínculo entre Rumi y Husameddín. Ahora me gustaría centrarme en cómo se escribió el Masnaví.

            En la tradición oral de las Ordenes Mevleví, Yerraji, Rifaí, Jalveti, y probablemente en todas las ramas vivas del árbol del Sufismo, se cuenta alguna versión de la misma historia. Cerca de 1262, Rumi había escrito ya la mayoría de los poemas místicos que forman parte de su Divan, dedicado a Shams de Tabriz. También había escrito una serie de cartas dirigidas a autoridades gubernamentales, esclareciendo distintos temas de la convivencia social. Asimismo, había terminado su Fihi Ma Fihi, donde trata en forma ordenada y académica otras cuestiones de la fe, emulando una de las obras más conocidas de su padre, el “sultán de los doctos”, Baha al-Din Valad.[xxii]

            Se dice que Husameddín observó a algunos discípulos de Mevlana complaciéndose en la lectura de otros místicos islámicos, como Sanai y Attar. Se dice también que Çelebi no se sintió conforme con esto; el amado discípulo creía que era necesario que Rumi escribiera una obra donde esclareciera para sus contemporáneos y para las generaciones venideras la esencia de la enseñanza mística del Islam.

Un buen día, Husameddín se acercó a Rumi y le pidió que comenzara a construir esa obra. Mawlana le respondió que ya lo había pensado y extrajo de su turbante un trozo enrollado de papel donde constaban escritos los primeros dieciocho versos del Masnaví. Todas las crónicas que conozco de este momento narran que Rumi dijo a Husameddín: Si tú lo escribes, yo lo dicto. Y así fue, durante aproximadamente doce años.

Acerca de cómo funcionaba este “dictado” sabemos, por tradición oral, que la mayor parte solía ocurrir por las noches. A veces, el dictado del Masnaví abarcaba la noche entera. Durante el día, Husameddín releía en voz alta lo escrito a Rumi, para que él hiciera correcciones.

Sabemos también que, poco después de finalizar el primer volumen, el dictado se interrumpió. La interrupción duró cerca de dos años y se debió al duelo de Husameddín por su esposa. Cuando el proceso de escritura del Masnaví fue retomado, Rumi dictó estos versos:

Este Masnaví ha sido postergado por un tiempo:
era necesario un intervalo
para que la sangre pudiera
transformarse en leche.
La sangre no se convierte en dulce leche
hasta que tu fortuna da a luz un nuevo bebé.[xxiii]

 

 

¿Por qué he querido invitarlos e invitarlas, como parte de este homenaje a Rumi, a imaginar el vínculo entre Nuestro Maestro y Husameddín y a contemplar el proceso de emergencia del Masnaví? Primero, porque me parece asombrosamente poco lo que se habla y se escribe, sobre ese tema en particular. Segundo, porque al preguntarme el porqué de esta carencia, me ha parecido que la respuesta tiene qué ver con algunas ideas falsas, aunque arraigadas, de cómo los seres humanos aprehendemos y expresamos el conocimiento. En esta última parte de mi ponencia me gustaría ahondar en este punto, al que hice una referencia somera, algunos párrafos atrás.

En el comienzo del tercer volumen del Masnaví leemos:

¡Oh, Husameddín, la luz de Al-láh! Haz que emerja este tercer volumen, porque es la costumbre del Profeta hacer algo tres veces.

Abre el tesoro de los misterios. Respecto del Tercer Volumen, deja a un lado las excusas.

¡Tu poder fluye del poder de Al-láh, no de las venas que se inflaman a causa del calor (corporal)!

Esta lámpara, el sol, que es brillante, no brilla por medio de una mecha, algodón y aceite.

La bóveda del cielo, que es tan duradera, no se sostiene de cuerda o pilar alguno.

El poder del Arcángel Gabriel no provenía de la cocina; provenía de contemplar al Creador de la existencia.[xxiv]

 

            La enseñanza fundamental que Mawlana expresa en el Masnaví es que no existe más que una sola realidad. Esta es la enseñanza básica del Islam. Nada existe fuera de Al-láh. No hay un “fuera de Al-láh”. En una visión así, el individuo, es decir, lo que durante siglos se ha considerado dentro de la cultura occidental “un individuo”, tiene un peso mínimo, por no decir inexistente. Por lo tanto, tampoco se concibe, dentro de esta visión, que el conocimiento y las obras, de cualquier índole, sean creadas por autores o autoras específicas. Conceptos como creatividad personal o talento individual, no caben. Como leemos en la cita anterior de Rumi, todo, incluido el conocimiento, proviene de una misma Fuente divina. La expresión material del conocimiento, aquello a lo que Mevlana llama su “emergencia”, ocurre, no se origina, a través de las acciones de los seres humanos.

La mayor parte de la historiografía en las academias occidentales no ha sido escrita, claro está, con este enfoque, y esto incluye la historiografía del Sufismo. Muy por el contrario, lo que se privilegia en dicha historiografía es una mirada individualista. Una mirada así ofrece varios problemas, si lo que se mira es una cosmovisión como la islámica, que posee una lógica contraria.

Es interesante, apasionante incluso, observar cómo la misma ciencia occidental con la que se construyó y legitimó la hegemonía del punto de vista individualista, ofrece hoy respuestas que confirman la imposibilidad teórica y práctica de “lo individual”. Pensemos, por ejemplo, en el desarrollo de las neurociencias. La dinámica de “dictado y escritura” que sostuvieron Rumi y Husameddín durante los doce años aproximados que duró el proceso de “emergencia” del Masnaví forma parte de una experiencia vital en la que el individuo tiene un papel apenas nominal, y la interdependencia, en cambio, un valor máximo. Las neurociencias actuales están demostrando hasta qué punto una cosmovisión semejante concuerda con la situación real de los seres humanos en este mundo.

Consideremos el cerebro. Durante siglos se creyó que el órgano concreto donde se articula el conocimiento en el cuerpo físico, era un órgano individual. Hoy sabemos científicamente que el cerebro no es un órgano individual, sino social. Así lo describe, por ejemplo, el  neuropsicólogo Louis Cozolino:

La neurona individual y el cerebro humano único no existen en la naturaleza. En ausencia de interacciones mutuamente estimulantes, la gente y las neuronas se marchitan y mueren. En las neuronas este proceso se llama apoptosis; en los seres humanos se llama depresión, pesar y suicidio. [xxv]

 

 

            Me atrevo a pensar que Rumi no actúa por mera cortesía o retórica al dejar, una y otra vez, explícitas constancias en el Masnaví del rol determinante de Husameddín. Si lo hace, es para ofrecernos una descripción objetiva del proceso de emergencia del conocimiento. El Masnaví también es eso: una exposición de cómo los seres humanos obtenemos y articulamos el conocimiento.

Mevlana en el Masnaví, en toda la poesía y la prosa que escribió y en los actos de su propia biografía, dejó constancia de la influencia determinante de muchos otros y otras, sus compañeros íntimos en el camino del Sufismo y de la vida: su padre, su madre; su esposa; sus hijos; sus maestros y maestras, decenas de discípulos… toda una comunidad. Alrededor de Husameddín también hubo una comunidad: esposa, familia, amigos, maestros, discípulos, compañeros y compañeras. Alrededor de cada santo, santa, artista, científico, de cada ser humano, alrededor mío, alrededor de cada uno de ustedes, hay una comunidad. La emergencia del conocimiento sólo ocurre dentro de una comunidad.

En un fragmento del Masnaví, Rumi describe nuestra circunstancia existencial de esta manera: “Estamos en un campo de algodón, a oscuras / ¡así que no enciendas una chispa!”.[xxvi] Nos movemos dentro del campo de algodón que es este mundo, a tientas. ¿Y qué es lo que palpamos? Unos a otros. Es el otro, pues, quien nos da la información, la llave, la pista de dónde estamos y quiénes somos. Gracias a la otra, lo conocemos todo, incluyéndonos. Ya desde los comienzos de la vida humana, la hija y el hijo se conocen a sí mismos gracias a la curiosidad de un otro, una otra, que hace la función de madre.[xxvii] Este mismo proceso se repite durante el tiempo que dura nuestra existencia en este mundo: son los otros y las otras quienes nos devuelven el reflejo del ser.

La certeza de nuestra interdependencia fundamental pulsa en el corazón de la enseñanza del Islam y desde ahí se irradia, vivificando cada una de las facetas de esta tradición sagrada. Es de esa certeza que proviene el valor elevadísimo que ocupan en la cosmovisión islámica el amor, la hospitalidad, la diversidad y la otredad.

Uno de los hadices[xxviii] más citados expresa el carácter interdependiente de la vida de esta manera: “El creyente es el espejo del creyente”.[xxix] En el mismo sentido, dentro del sufismo islámico suele enseñarse: “el derviche es el otro”.

La ceremonia del Sama, la práctica espiritual característica de la Orden Mevleví, ofrece una representación simbólica y una experiencia real, presente, de la unidad de la existencia. Aquí, los giradores y las giradoras, encarnando las energías divinas, se reconocen y se honran antes de comenzar a girar y cada vez que se detienen; además, lejos de perderse, como a veces se cree, en un éxtasis que los sustrae del mundo, los/las derviches giradores se mantienen pendientes unos de otras durante todo la ceremonia. La ceremonia Mevleví del Sama, que Sultan Walad, hijo y heredero espiritual de Rumi, formuló hace más de ocho siglos y que aún hoy se practica en varias partes del mundo,[xxx] brinda al ser humano una posibilidad incomparable para actualizar en sí mismo el conocimiento de la interdependencia y la unidad de todo lo que existe.

Esta interdependencia es crucial y delicada. En la actualidad no hay ámbito de la investigación y el quehacer humanos que no apunte hacia la urgente necesidad de fincar un mejor futuro para la humanidad en una clara y sólida comprensión de que lo individualmente separado no existe. [xxxi]

Nosotros, aquí, esta tarde, hemos cambiado y seguimos cambiando porque nos encontramos. Lo que hemos hecho juntos hasta ahora, y seguiremos haciéndolo mientras dure nuestro encuentro y probablemente tiempo después, es adaptarnos unas a otros, aprehendernos, conocernos y, a través de todo ello, dejar un poco de ser quienes éramos antes de nuestro encuentro. “El amor –escribe el mismo neurocientífico a quien cité arriba– podría ser mejor definido como la accesibilidad para cambiar a causa de otra persona.”[xxxii]

 

Cuando se presentó la ocasión de participar en este homenaje a Hazreti Mawlana  Yalal od-Din Rumi,  me pregunté: ¿de qué le gustaría a Mawlana que se hablara, en su honor? Mi primera respuesta fue: de nada (lo cual no me ayudó mucho con la tarea de escribir una ponencia). Pensé que no le gustaría que se hablara, sino que se alabara. Mi segunda respuesta fue: de alguien más, no de él. Poco a poco, ese “alguien más” fue transformándose en la humanidad entera. Considerar nuestra interdependencia se fue acercando cada vez más a hablar de la esencia sagrada de la vida.

Mi esperanza es que estas reflexiones, que me han permitido compartir con ustedes hoy, guarden sintonía con la transmisión de uno de los místicos más deslumbrantes de la historia, Maestro de toda la humanidad, Nuestro Maestro. Gracias por escucharme.

[El presente texto fue leído por la autora como parte del evento “Rumi: la revolución mística. Palabra. Música. Danza”, organizado por el Foro Literario de Sufismo del Instituto Luz sobre Luz, Ciudad de México, 15 de diciembre, 2012.]

 


[i] Masnaví es una forma españolizada de la voz farsi Mathnawi. Es un género literario clásico de la tradición persa. Se construye a base de versos pareados y en él se tratan temas espirituales de la tradición islámica.

[ii] Mawlana, en turco Mevlana, significa “nuestro maestro”. [En el presente texto utilizo indistintamente Mawlana y del turco, españolizado, Mevlana.]

[iii] Véase Aflaki, en su multicitado Manaqib al-Afirin. Aflaki relata que una vez Muin al-Din Pervane convocó a un gran Sama  (ceremonia devocional sufí que incluye la práctica del giro) en su palacio. Al ver que Husammedín no estaba presente, Mevlana se entristeció. Al notar esto, el anfitrión mandó invitar a Husammedin. Cuando Husammedín llegó, Mevlana se levantó de su sitio para ir hacia él y darle la bienvenida, diciendo: “Bienvenido, oh, mi espíritu y mi fe, bienvenido, oh, mi luz y mi maestro, bienvenido, oh, amado de Al-lah y del Profeta”.

[iv] Masnavi, vol. I, traducción al inglés de Jawid Mojaddedi (Oxford: Oxford University Press, 2004): p.3. [La traducción  al español es mía.]

[v] Ibid., p. 4.

[vi] Españolizado, Chelebi.

[vii] Se calcula, por lo tanto, que el  proceso de escritura del Masnaví duró alrededor de doce años.

[viii] Es común la  omisión de datos étnicos acerca de los místicos y las místicas. Una explicación posible es que su visión llegó a trascender esta y otras consideraciones y la omisión no es más que una reverberación del propio estado de conciencia de estas personas realizadas. Otra explicación es el sesgo discriminatorio con el que se escriben algunas biografías. Me parece que este el caso del pueblo kurdo, aun hoy discriminado en varias partes del mundo, incluyendo Turquía.

[ix] Utilizo el presente del verbo ser, en consonancia con la enseñanza sufí de que los seres humanos que alcanzaron la santidad en este mundo no mueren.

[x] Este y otros datos de la biografía de Husameddín constan, narrados al detalle, en Fundamentals of Rumi’s thought: a Mevlevi sufi perspective, de Şefik Can (Nueva Jersey: The light, 2004).

[xi] Ibid., p.75.

[xii] La historia de Taj al-Din nos remite inmediatamente a la historia del propio Mojámmed, s.a.w.s., el Profeta del Islam, iletrado también, quien un buen día comenzó a recibir y a transmitir los primeros versos de la Revelación y continuaría haciéndolo durante veintitrés años terrenales. Todas las palabras del sagrado Q’uran fueron, pues, pronunciadas por primera vez en este mundo por un hombre que, hasta antes de recibir el mensaje, ignoraba la lectura y la escritura.

[xiii] Al-Sulami, Futuwah: tratado de caballería sufi  (Barcelona: Paidós, 1991), p. 27.

[xiv] Sura XX: 60. “Ellos dijeron: –Escuchamos / a un joven hablar con ellos; / se llama Abraham.” [Esta y todas las citas coránicas son tomadas de la versión de Yusuf Ali, The holy Qur’an (Elmhurst: Tahrike Tarsile Qu’ran, 2001). [La traducción al español es mía.]

[xv] Tratándose de una cualidad anímica, se entiende que es independiente del género.

[xvi] Apud. Faouzi Skali, en Al-Sulami, op. cit., p. 32.

[xvii] Op. cit, p. 76.

[xviii] Erkan Türkmen en The essence of Rumi’s Masnavi including his life and works (Konya: Rumi Publishing House, 1992) asegura la existencia de ambos textos y cita uno de ellos a partir de los microfilms de su colega historiador Mikail Bayram. Los textos originales se han extraviado.

[xix] Apud Türkmen, op. cit., p. 54.

[xx] Apud Şefik Can, op. cit., p. 76

[xxi] Ibid., 77.

[xxii] Este título fue conferido al padre de Rumi durante su vida en este mundo, por las autoridades del Gran Imperio Selçuk  (Selyúcidas) que se extendió desde el Mediterráneo hasta Afganistán durante los siglos XI-XIII.

[xxiii] Masnaví, vol. II, editado y traducido al inglés por Reynold A. Nicholson (Konya: Tablet, 2007), p.150. [La traducción al español es mía.]

[xxiv] Ibid., p. 280.

[xxv] The neuroscience of human relationships (Nueva York: W.W. Norton and Company, 2006), p. 20.

[xxvi] Masnaví, vol. I, 1605 (Oxford: Oxford University Press, 2004), p.100. [La traducción al español es mía.]

[xxvii] Acerca de los efectos de la curiosidad del padre y la madre, la empatía, el apego seguro y la regulación del afecto en la plasticidad cerebral, véase Cozolino, op. cit., p. 327-342.

[xxviii] Se entiende por hadiz un dicho transmitido por el Profeta Mojammed, s.a.w.s. que ilumina la enseñanza Coránica.

[xxix] Al Mu’min miraatul mu’min. Este hadiz fue recopilado por varios autores, entre ellos Abu Dawud.

[xxx] En México, esta práctica es enseñada por la Orden Nur Ashki Yerraji.

[xxxi] Véase el sugerente trabajo La comunidad trashumante y hospitalaria como identidad narrativa, de Reyna Carretero (Zapopan: El Colegio de Michoacán/Fideicomiso “Felipe Teixedor y Monserrat Alfau de Teixedor, 2012.), como un ejemplo de revaloración de la interdependencia, a partir de la ciencia políticas y social. La Doctora Carretero es una de las creadoras  y promotoras de la Ley de Hospitalidad de la Ciudad de México.

[xxxii] Cozolino, op. cit., p. 332.